Trastevere en el primer viaje
El 29 de noviembre de 2022, antes del regreso, caminamos por las calles de Trastevere, la ribera del Tíber y la isla Tiberina. Fue una visita corta y condicionada por el vuelo de la tarde.
Habíamos elegido un lugar para comer en Trastevere, pero llegamos cerca de las 15:00 y ya no quisieron atendernos. Terminamos regresando a La Piccola Cuccagna antes de recoger las maletas. Esta experiencia sirve como consejo práctico: en una última mañana con horario de aeropuerto, conviene no dejar la comida demasiado tarde ni confiar en que todas las cocinas mantengan el servicio.


Gianicolo en la segunda visita
El domingo 11 de octubre de 2026 teníamos previsto ir al mirador por la tarde. Después del Palatino, la comida y el descanso en el alojamiento nos quedamos dormidos: estábamos agotados. Eliminamos el Gianicolo y fuimos directamente a Trastevere para cenar.
Volver de noche para cenar
El domingo por la noche cenamos en Pasta e Vino, en Via della Pelliccia, Trastevere. La pasta, elaborada allí mismo, nos gustó muchísimo. Fue una salida para disfrutar de la cena después de descansar, no para recuperar a toda prisa la tarde que habíamos planeado. Los platos, el precio y las fotografías del restaurante están en Dónde alojarse y comer en Roma.

Cómo lo encajaríamos sin repetir nuestro error
Si eliges Trastevere para la última mañana, organizaríamos primero la parte menos flexible: a qué hora hay que volver por las maletas y salir hacia el aeropuerto. A partir de ahí decidiríamos cuánto caminar y cuándo comer, en lugar de dejar que el paseo consuma todo el margen. Nosotros llegamos tarde al restaurante que habíamos elegido y terminamos cruzando otra vez la ciudad para comer en un lugar conocido. No daríamos por hecho que una cocina seguirá abierta solo porque todavía nos parece una hora razonable.
Para volver por la noche, lo plantearíamos de otra manera: una cena como plan principal, no como recompensa al final de otra lista interminable de visitas. El día del Palatino habíamos necesitado descansar y ese descanso cambió la tarde, pero no impidió salir después. Tener una parte del día sin reserva nos permitió adaptarnos sin perder una entrada ni salir corriendo.
Son dos opciones distintas, y ninguna necesita incorporar el Gianicolo para tener sentido. A nosotros nos faltó ese mirador, no una razón para disfrutar de Trastevere. Si volvemos a incluirlo en una ruta, preferimos hacerlo cuando tengamos ganas y tiempo de verdad, no para decir que también lo vimos.


